sábado, 7 de julio de 2012


No sé si es bueno que me sigas importando así, o si lo malo es que no puedo evitarlo. Que igual que llegas, siempre te vas. Que estoy cansada de tus historias, de tus desaires, de tus "cuídate, hablamos mañana" seguidos de un corazón, de tus "lo siento" cuando tienes unas copas de más a las tantas de la madrugada. Algo parecido a miles de cuchillos atravesándome a la vez, fue la sensación que tuve al saber, gracias a tus palabras, que te arrepentías de todo o de lo que, mejor dicho, no llegamos a vivir. "Ojalá no hubiera sentido lo que sentí por ti." ¿Dónde dejamos eso que era nuestro? Porque la verdad, entre el orgullo que me guardo, los abrazos perdidos y los te quiero que nunca te dije... no me queda sitio para nada más ¿sabes?
Ya de nada sirve que quieras recuperar aquella amistad que, según tú, rompiste por culpa de tus sentimientos. Yo estoy aquí, viendo cómo el cielo se me cae encima en mil pedazos, y tú, tú no estás, hoy no te "apetece" hablar conmigo.

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